Tan pronto como aparecen las tecnologías reproductivas del conocimiento, tiene lugar para el arte una auténtica “transmutación de todos los valores” que es crucial para la suerte del proyecto crítico –y el lugar en el que su trabajo puede a partir de entonces realizarse. Me refiero a la transfiguración del valor aurático, cultual, en exhibitivo, y la disociación simultánea del cognitivo de él. Mientras que el valor exhibitivo se queda depositado en el original –como residuo del antiguo aurático, pero ahora en la nueva economía del espectáculo de masas- toda la carga del cognitivo se desplaza al territorio de las reproducciones y los distintos aparatos “epistemológicos” que articulan su acceso: básicamente el archivo –pero también el manual de historia, el carro de diapositivas que sostiene las clases, la revista especializada con sus reproducciones, el catálogo …
El tanto el trabajo crítico se relaciona necesariamente con esta transferencia (enriquecida críticamente) del valor cognitivo, su desplazamiento al territorio de la reproducción y el archivo es un hecho (pensemos en casos particularmente logrados, como el Atlas Mnemosyne o el Museo Imaginario de Malraux).
Ahora, y en todo caso, la cuestión que me parece fundamental analizar es qué ocurre cuando es la propia articulación del archivo (y todos esos otros que he llamado “aparatos epistemológicos”) se ve afectada a su vez por el impacto de las mismas tecnologías del conocimiento. Y esto en un sentido muy obvio: que todo el potencial del archivo deja también (como hemos visto le ocurría a la e-image) de basarse en su potencia de consignación, de “almacenamiento” y custodia de una estabilidad efectiva del saber digamos. Los e-archivos en cambio dirigen todo su potencial a la articulación de una gran estructura reticulada de acceso a una actualidad del conocimiento en permanente revisión, permanentemente puesta al día. A causa de ello, el conocimiento –y los aparatos que articulan su organización y distribución públicas- deja de dirigir su mirada a lo seguro del pasado para articularse en cambio como estructura de interconexión y generación heurística: para hacerse potencia de invención y comunidad.
Esto, como veremos, tiene enormes consecuencias para la crítica: ella ya no tanto tendrá que ver (como le imputara Benjamin) con la historia y el mito –sino con el aumento creciente de la potencia de procesamiento de los datos y su intelección colectiva.