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interlectura

Este es el modo en que la disposición-memoria (RAM) de una red opera: en tanto que articulación de mutualidad entre lugares que se someten a interacción recíproca, a contrastación, a puesta en acto de sus diferencias. No por tanto como las memorias ROM (de back-up) por medio de la consignación documental, en archivos de recuperación, sino a la manera de las memoria de sistema, relacionales, distribuidas, en que cada parte del todo lee y resuena en cada una de las otras, como un eco miniaturizado y fractal que recorre cada una de las partes en un barrido sistémico continuo.

Memoria es aquí productividad, actualidad, fábrica –y no almacén. No juego de recuperación, sino la tensión genésica que brota de la interlectura recíproca de cada parte contra la totalidad holística de las otras, del sistema como ecuación abierta.

Trasladen ahora esta economía agonística al espacio de lo cultural y tendrán un principio de actuación para la crítica: no se trata en ella más de hacer acopio y patrimonialización (lo que no interesa es el canon, el principio de retorno de lo mismo, sorry Bloom) sino propiciamiento de interlecturas –de interacción, de interpasividad- en el contraste de la diferencia con la diferencia. En el modo red, la cultura es necesariamente intercultura, cross-reading, la reciprocidad de las interpretaciones que lo distinto y diferencial realiza sobre lo distinto y diferencial.

No hay transferencia de imaginario cultural, no hay flujo de narrativas o relatos, que no emerja ese proceso de continua intermodulación, en complejidad, que produce constante hibridación, generación de diferencia a partir de la diferencia. Es por ella –por la interlectura y ya no más por la historia- que necesariamente la crítica ha de tomar partido.

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